En el restaurante Lágrimas Negras somos conscientes de que tan exquisitas deben de ser las elaboraciones culinarias que servimos como la manera en la que tratamos a los comensales.
Los profesionales de sala debemos tener la capacidad de intuir qué desea un cliente cuando visita el restaurante.
La máxima prioridad es siempre la atención agradable y respetuosa dentro del orden que impone un restaurante con las más altas pretensiones de calidad. De igual modo la discreción hacía los clientes es muy importante.
Atender correctamente a los comensales es una tarea casi psicológica donde ante todo hay que ser muy observador para analizar sus reacciones al degustar lo que se les va sirviendo.
Hay que ser capaces de deducir si les sorprende positivamente la comida, y si hay buena predisposición para disfrutar de un cúmulo de atenciones encaminadas a satisfacerles.
Es también primordial para nosotros dar plena confianza al cliente de cambiar sus platos si estos no se adaptan a sus gustos.
Anteponernos a los deseos es uno de nuestros principales cometidos.
Los profesionales de sala que trabajamos en este precioso emplazamiento que es el Hotel Silken Puerta América, a través de los años hemos adquirido pequeños trucos para ganarnos de manera honesta la confianza de los comensales.
En mi caso, siempre he tratado de tener muy presente que la imagen del restaurante la proporcionan los equipos que reciben y sirven a los comensales.
Por eso nuestra casa siempre debe de estar en perfecto estado, y cada servicio debe de estar enfocado a la plena satisfacción de todos y cada uno de los paladares, aportando, limpieza, buenas viandas y trato personalizado muy, muy cuidado.
El restaurante en cierta manera nos motiva porque es una escuela gastronómica, abierta en doble sesión para que las personas que nos visitan disfruten de experiencias dignas de ser disfrutadas.
