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MUSEO DE BELLAS ARTES BILBAO

A fin de que nuestros huéspedes aprovechen su viaje de turismo o negocios al 100%, hemos dispuesto nuestra agenda cultural de Ciudad Real con los planes más interesantes de la capital. Exposiciones, eventos, visitas, festivales, conciertos de música, obras de teatro... Visita esta sección con asiduidad y no dejes que se te escape nada durante tu estancia en el Silken Alfonso X.

El movimiento y la tradición histórica que caracteriza a la ciudad se ve reflejado, además de en la arquitectura de sus calles, en algunas de las fiestas celebradas en Ciudad Real a lo largo del año: Navidad, Semana Santa, los Carnavales, Los Mayos, el Corpus Christi, la Romería de Alarcos, la Pandorga, el Festival Internacional de Folklore, la Virgen del Prado, el Mercado Medieval, San Antón y la Feria de Abril, entre otras. No dejes de conocer ninguna y déjate sorprender por una ciudad única en el panorama manchego.

hasta el 16 de mayo de 2016

MUSEO DE BELLAS ARTES BILBAO

Además de su colección permanente, el Museo de Bellas Artes de Bilbao propone regularmente un importante programa de exposiciones temporales

03|11|15 · 15|02|16  Raimundo de Madrazo
La convocatoria número 51 del programa La Obra Invitada, patrocinado por Fundación Banco Santander, presenta la obra de Raimundo de Madrazo Salida del baile de máscaras (c. 1885), procedente del Museo Carmen Thyssen Málaga. Sirve, además, para contextualizar la reciente donación por parte de un coleccionista bilbaíno del óleo Retrato de la condesa de Bernar (1857) de Federico de Madrazo en una pequeña exposición que reúne otras obras de esta estirpe familiar de pintores pertenecientes a la colección del museo: José de Madrazo (Santander, 1781-Madrid, 1859), padre de Federico de Madrazo (Roma, 1815-Madrid, 1894), y este último padre, a su vez, de Raimundo de Madrazo (Roma, 1841-Versalles, Francia, 1920) y Ricardo (Madrid, 1852-1917).
1.- José de Madrazo, Retrato del cardenal Francisco Javier Gardoqui, 1816
2.- Federico de Madrazo, Retrato de Pierre Hippolyte Eyquem, 1854
3.- Federico de Madrazo, Retrato de la condesa de Bernar, 1857
4.- Federico de Madrazo, Retrato de Agustín de Obieta, 1852
5.- Raimundo de Madrazo, Salida del baile de máscaras, c. 1885
6.- Raimundo de Madrazo, Retrato de dama en azul, c. 1897-1905
7.- Raimundo de Madrazo, Joven dama en un jardín, post. 1900
8.- Raimundo de Madrazo, Retrato de Federico de Madrazo pintando, 1875
9.- Ricardo de Madrazo, Retrato de Juan de Barroeta, 1884
 
A las puertas de la sala de fiestas Valentín, situada junto al Hôtel du Nord de París, varios personajes disfrazados salen al término de un baile de máscaras. En la soledad nocturna de la calle, y a la luz de los farolillos de gas que decoran la entrada, un caballero invita a una muchacha cubierta con un antifaz a subir a uno de los coches de caballos apostados junto a la acera del hotel, mientras unos soldados recostados en el quicio de la puerta conversan distraídamente frente al portero de la sala y otras gentes enmascaradas en sus disfraces se alejan por la acera.
Esta bellísima estampa del París mundano y noctámbulo del último cuarto del siglo XIX constituye un ejemplo especialmente significativo entre la enorme cantidad de escenas de género pintadas por Raimundo de Madrazo a lo largo de toda su vida con destino al mercado internacional. En ella, Madrazo recurre al motivo de los bailes de máscaras, tratado en otras ocasiones por él y tema particularmente atractivo para los artistas de toda Europa dedicados al tableautin, en pleno auge en estos años. En efecto, entre otros, el artista presentó fuera de concurso en la Exposición Universal de París de 1878 un espectacular cuadro con el título Sortie du bal masqué, muy alabado en su tiempo y extraordinario alarde de virtuosismo técnico y riqueza decorativa, envueltos en una seductora frivolidad.
Sin embargo, en este caso, en lugar de insistir en los aspectos más anecdóticos y decorativos que propicia este argumento, el artista tan sólo deja entrever con muy sutil ironía la lectura frívola de la escena, en la invitación del caballero a su joven acompañante, a quienes convierte en protagonistas absolutos de la composición al recortar nítidamente sus siluetas ante el portal de la sala, mostrando curiosamente el rostro del hombre una estrechísima semejanza con las facciones del propio Raimundo de Madrazo, bien conocidas en estas fechas por el espléndido retrato que le pintara su padre, Federico de Madrazo, en 1875, y que guarda el Museo del Prado. Sin embargo, el interés narrativo de la secuencia queda en buena parte sumido en la interpretación que el artista hace de la ambientación nocturna de la calle, bañada por la luz artificial que hace destacar los rótulos de los distintos establecimientos y sugiere espléndidamente sus interiores, tanto de la sala de baile, como de la tasca de vinos y el hotel, mostrando así la fascinación que Madrazo –como tantos otros artistas de su tiempo– tuvo por los ambientes noctámbulos a la luz del gas de la Cité lumière.
Resuelto con una paleta muy sobria para lo habitual en Madrazo, una vez más sorprenden sus excepcionales dotes para la pintura, como digno continuador del virtuosismo preciosista de su cuñado Mariano Fortuny, así como su agudísimo sentido de la observación, visible en todos los detalles de la escena, hasta en los aparentemente más secundarios, como el charco de agua del primer término, los reflejos en los radios de las ruedas, las letras de los rótulos o la numeración en los faroles de los coches.
Texto: José Luis Díez
Director de las Colecciones Reales del Patrimonio Nacional, Madrid

26|01|16 · 25|04|16  Amable, Balerdi, Basterretxea, Chillida, Mendiburu, Oteiza, Sistiaga, Zumeta
La designación de San Sebastián como Capital Europea de la Cultura en 2016 constituye una ocasión única para profundizar en una serie de artistas relevantes del arte vasco -Jorge Oteiza (1908-2003), Eduardo Chillida (1924-2002), Néstor Basterretxea (1924-2014), Amable Arias (1927-1984), Remigio Mendiburu (1931-1992), José Antonio Sistiaga (1932), Rafael Balerdi (1934-1992) y José Luis Zumeta (1939)- que en 1966 convergieron en la fundación del grupo Gaur de artistas guipuzcoanos, que se presentó con un manifiesto y una exposición en la Galería Barandiarán de San Sebastián.
En 2016 se cumplen 50 años de esa exposición que rubricó una de las aventuras más importantes del arte español y con tal motivo se ha organizado una gran muestra central en San Telmo Museoa (22/01/16-15/05/16), a la que se une el Museo de Bellas Artes de Bilbao con la presentación conjunta de medio centenar de obras de estos ocho artistas del grupo Gaur representados en su colección.

09|02|16 · 16|05|16  El Divino Morales
Organizada en colaboración con el Museo Nacional del Prado (01/10/15-10/01/16) y con el Museu Nacional d’Art de Catalunya de Barcelona (16/06/16-25/09/16), esta exposición comisariada por Leticia Ruiz Gómez, jefe del Departamento de Pintura Española del Renacimiento del Museo del Prado, profundiza en el trabajo de Luis de Morales (1510/1511-1586) a través del núcleo de obras de este autor y su taller pertenecientes a la colección del Museo del Prado. A las 22 obras del Prado seleccionadas, entre las que se incluyen El Calvario y La Resurrección donadas por Plácido Arango, se unen 32 procedentes de museos nacionales e internacionales, coleccionistas privados e instituciones religiosas como La Virgen con el Niño y San Juanito de la Catedral Nueva de Salamanca o el Ecce Homo del Museu Nacional de Arte Antiga de Lisboa, recientemente restaurado en los talleres del Prado. El Museo de Bellas Artes de Bilbao aportará una importante versión autógrafa de La Piedad.
De este modo, esta muestra –que se celebra prácticamente un siglo después de que el Museo del Prado organizara la primera monográfica sobre el artista– tiene como objetivo poner al día el conocimiento sobre el trabajo y la figura de Morales, estudiando sus composiciones más representativas y, especialmente, las de carácter devocional dedicadas a la imagen de Cristo. Este empeño en crear un modelo de devoción, veraz y sagrado al mismo tiempo, le valió en su tiempo el sobrenombre de "el Divino", que ha perdurado hasta nuestros días.
Luis de Morales es referente fundamental de la pintura del Renacimiento español y una de las personalidades artísticas más originales y reconocibles de la segunda mitad del siglo XVI, con un estilo particular que se reseña en la literatura artística y que ha hecho que esté presente en numerosas colecciones nacionales y extranjeras. Sus creaciones más representativas conocieron una amplia difusión gracias a que mantuvo un taller propio y a las réplicas debidas a sus seguidores. Sólo El Greco, a partir de aproximadamente 1585, repetirá un fenómeno semejante de divulgación artística y éxito comercial.
A su capacidad para fijar un modelo iconográfico se le añade, una técnica atenta a los detalles, un dibujo preciso y una suavidad lumínica que configuran una personalidad única inmersa en el manierismo del momento y que desarrolló su obra exclusivamente en Extremadura, Portugal y Andalucía.

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